sábado, 8 de julio de 2017

De tu puto imán

Igual es esa maldita sensación de que siempre fui un paso por detrás de ti. Que realmente era por delante. Pero salía perdiendo. Sabiendo que hicieras lo que hicieras, yo siempre estaría ahí. Podías aparecer y desaparecer según te apeteciera, que ahí seguiría yo. Supongo que fue por esa espiral que conseguías en mí de siempre querer un poco más. Por tu manera de hacerme temblar con solo escuchar tu voz. Por pensar las veinticinco horas del día en ti.
Igual fueron esas promesas de aire que nunca llegaste a cumplir. Igual, tu forma de hablarme cuando ya casi no te esperaba, cuando veías que me alejaba un poco más. Para que me volviera a quedar sin poder escapar. De tu puto imán.
Igual tuve que alejarme yo y cerrar alguna vía, para darme cuenta de que no tenías ganas de volver a buscarme. Y aun así, en el fondo, siempre me queda la esperanza de que algún día te des cuenta y lo hagas. Y mi cabeza intenta convencerse de que será tarde y me dará todo igual. Pero sé que no. Igual...
Igual lo que pasa es que me enamoré de ti. -Defreds-


Porque te apareces en mis sueños, en forma de pesadilla, y me haces llorar todas esas lágrimas que llevo callando tantos años. Porque sólo han pasado diez años desde aquel capricho del destino. Porque si volviera a nacer volvería para conocerte. Porque lo que nunca empieza nunca termina.
Por todos mis intentos, frustrados, de olvidarte. Por todos tus intentos, también frustrados, para que te olvide.
Porque nos une ese hilo fino y rojo desde siempre y para siempre. Porque eres infinito, grande como tú solo, y quien te tiene, tiene un gran tesoro. Por todos esos momentos que tuvimos entre los dedos. 
Volvería para atrás y para adelante una y otra vez, sólo para revivir aquellos primeros besos. Pagaría con mi alma por un abrazo más, por nuestras manos entrelazadas. 
Volvería, sin tener que mirar las fotos que no tenemos juntos. Volvería y no sé dónde.
Porque tú tienes todas las respuestas que siempre me faltan y, a veces, me visitas en sueños para recordarme que sigues existiendo y que si quiero, solo tengo que volverlo a intentar.

sábado, 20 de mayo de 2017

Estás a las puertas de los 30.

Has dejado que los rizos llenen tu cabeza.

Tu sonrisa impertérrita a pesar del paso del tiempo.

Sigue existiendo un hilo, muy fino, rojo, que nos unirá siempre.

Felices 29.

sábado, 28 de noviembre de 2015

El poder del ahora

Hoy tuve una "idea feliz".

Quizá nunca te quise, porque de haberlo hecho nunca me hubiera prestado a regalarme a otras bocas o a buscar abrazos de desconocidos. Siempre pensé que tu falta la suplía así, buscándote en otros cuerpos, ninguno se te llegó a parecer. Puede que sin más, fuera la edad, la situación complicada, la curiosidad...

Puede que nunca llegase a pensar en ti ni cuando en plena madrugada, marcaba tu número de memoria, el cual había borrado horas antes.
Puede que me quisiera agarrar a ese clavo ardiendo para seguir viviendo de la pena.

Y aún así viví de la pena y el dolor, la desesperación y la desidia durante cuatro largos años, con pequeñas recaídas, incluso ahora, sólo por el vicio de sufrir.
Te puse de excusa en mil y un situaciones aun a sabiendas de que, como bien digo, era una excusa. Mi animadversión al compromiso, te lo achaqué a ti, a tu manera de ir y venir y de no saber cuándo volverías a aparecer.

Y te lloré, como si el mundo fuese a acabarse si yo no lloraba. Como si llorando fuera a solucionar los problemas del universo. Como si en cada lágrima me explicase a mi misma, que la solución era esa y solo esa.

Y te perdí, o eso creía hasta esta tarde. Porque era la excusa de perderte la que me hizo actuar cual pollo sin cabeza durante aquellos meses con el escritor de ojos azules. Porque perderte, era ganar yo la batalla, esa que NUNCA luché. Porque nunca te quise, pero me viniste bien todo ese tiempo. 

Porque no hay ni tiempo ni cura, solo egoísmo. Egoísmo y no el tuyo que siempre odié, egoísmo mío, por sujetar esos jirones de nada que tuvimos. 

Porque nunca fuimos. 
Porque solo AHORA todo tiene sentido. 
Y en ese ahora, no existes, por lo que nunca has existido.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Aún te recuerdo

Aun recuerdo sus manos y, porqué no decirlo, sus dientes. He olvidado su forma de besas y, a veces, no consigo recordar su voz. Su sonrisa aún queda intacta en mi memoria junto a su nariz, sus ojos, y esas pobladas cejas; su olor se ha esfumado (o ya se esfumó hace tiempo).
Aún paseo por su calle (mentalmente) y es difícil recordar el número de su portal, así como el de su piso, un octavo o noveno con vistas a esa ciudad que un día me robó el corazón y la razón (Barcelona).
Aún recuerdo esas gafas naranjas y las vistas tan ¿románticas? que había desde el Tibidabo. Quedaron pendientes aquellas patatas bracas de las que tanto me hablaste. Quedó pendiente subir, aquella noche, a tu habitación.
Recordar el primer abrazo y consigo, el primer beso, aún suponen pequeños pero puntiagudos alfileres en el corazón. El sabor a donuts o a magdalena de aquella mañana, tampoco lo recuerdo.
Me creías perfecta (o eso decías) y, a la vez, tan inmadura y falta de personalidad que nunca fuiste capaz de terminar ,o más bien, de empezar a conocerme. Fíjate que lo intenté, tan pasiva..., que  no fui capaz de hacerte sentir nada, nada de nada.
Sólo una noche gracias, o más bien por culpa del alcohol, se me escapó un ''te quiero'' al teléfono, cosa que supuso que al día siguiente te vetase ese tema de conversación y por tanto, no tratarlo contigo en la vida. Después fuiste tú, con un ''te quiero un montón'' que yo negué con la cabeza y arranqué de raíz, para siempre.
Inmadura, cabezota, insegura, cobarde,... no fui capaz.
Y siempre me arrepentiré de ello. De una historia que más que real era insuperable, inalcanzable, preciosa y perfecta y, que a la vez era algo ficticio, imaginario, platónico y, para nada, perfecta o preciosa. Historia que no puedo olvidar, pero que no quiero retomar porque ya es tarde, pero que aún se clava en la conciencia como ese paseo por el Parc Güell. Como las fotos, que supongo borraste, como mirarte a los ojos mientras íbamos en moto y yo te agarraba como si la tierra te fuera a tragar. Como que han pasado siete años y serán catorce y seguiré recordando.
Aún espero ese café, o más bien la contestación al sms, que de haber sido afirmativa, quién sabe cómo y dónde estaríamos ahora mismo.
Hace dos años volviste. Volviste porque te felicité el día de tu cumpleaños y me proponías ir a verte, llamarte por teléfono y volver a arrancarme el corazón. Fui fuerte, o eso intenté, nunca volví a llamarte aunque me moría de ganas por volver a marcar el 93 como prefijo y escucharte al otro lado y decirte, que había tardado tanto en llamar porque antes tenía que mentalizarme.
Nunca volverá lo que un día ni fue. Nunca volverá la sensación de volverte a ver.

domingo, 4 de agosto de 2013

La cordura

He decidido ponerme a escribir para, o por lo menos intentarlo, recuperar un poco la cordura que hoy creo haber perdido.

Otra vez me he visto como entonces, cuando la incertidumbre pesaba más que cualquier otro sentimiento, como cuando casi no sabía de ti y no sé si desconfiaba o simplemente, era demasiado ingenua como para no desconfiar. En aquellos tiempos, que parecen tan lejanos y tan sólo quedan a escasos meses atrás, la distancia me mataba y con ella, los pensamientos infames sobre el qué, el cómo, el porqué y sobre todo el dónde y el cuándo. 

Siempre he sabido de ese gran defecto que nadie había podido lograr ni a atisbar, ese grande lastre que, aunque quiero muchas veces por todos los medios derribar, siempre sale a flote. Supongo que debías de llegar tú para que los celos vieran por fin la luz y con ellos, esa locura transitoria. 

Nunca me has dado motivos, nunca he tenido motivos para desconfiar de ti y, hoy en día, no los tengo, pero me es inevitable sentir celos, como siempre he dicho: ''hasta del aire que respiras''.

Será que necesitamos tropezar con muchas piedras para, en un momento dado, empezar a tener miedo a tropezar y a todas esas piedras del camino, pero tú fuiste la piedra del camino más grande de todas, de la cual no quiero separarme, pero con la cual (por supuesto) tengo miedo a terminar tropezando y caer.

Por eso hoy al haberte visto subir al autobús y comprender que, otra vez, era necesario poner distancia por unos días, he sentido como si todos mis cimientos se cayeran, como si todo lo que habíamos conseguido en medio año lo tirásemos por la borda, como si (por arte de magia) fueras a olvidarte de mí o tal vez fueras a darte cuenta de que en realidad tu vida está allí y no conmigo.

Siento, otra vez ser yo y mis pensamientos destructivos, lo siento porque aunque estos días me duelan y me duela cada palabra y cada paso que des, pronto habrán acabado y todo volverá a ser como hasta ahora. 
Siento tener tanto miedo.


sábado, 18 de mayo de 2013

Pequeña criatura, bebé



Voy a buscarte a la salida del trabajo, 
a Madrid le faltan caricias y abrazos. 
Se los daremos ahora.
"¿Cómo ha ido todo? ¿Me has echado de menos? 
¿Sabes,? anoche apareciste en mis sueños, 
llevabas menos ropa".
"Hoy he encontrado en el Segunda Mano 
un piso modesto, céntrico, barato, 
en el paraíso apenas a unos minutos, 
si vamos en Metro, del resto del mundo".
Sueño con ello mientras mi calor te espera. 
Impaciente, inexperto, yo quemo la cena. 
Llegas tarde a casa.
"¿Dónde te has metido? Te creía perdida". 
Me besas y aguantas mis bellas mentiras. 
Traes por fin la calma.
Un día de estos te doy un susto y te pido, 
seria y formalmente, que te cases conmigo. 
Ay, mi vida, un día el susto te lo doy yo a ti, 
y si me preguntas, te respondo que "sí".
Pequeña criatura, la esencia más pura 
va en frasco pequeño. 
Amor mío, ya lo sé, el mismo recipiente también 
encierra veneno.
Asumo el riesgo, te miro y planeo 
una vida contigo cargada de sueños. 
Y si no se cumplen cuando despertemos, 
con la luz del día ya veremos lo que hacemos.
Pequeña criatura, la esencia más pura 
va en frasco pequeño. 
Amor mío, ya lo sé, el mismo recipiente también 
encierra veneno.
Asumo el riesgo, te miro y planeo. 
Si te falta una almohada, yo te presto mi pecho. 
Y si no te amoldas a sus recovecos, 
con la luz del día ya veremos que hacemos.



Y sí, planeo toda una vida contigo, pero tú también la planeas conmigo y eso es lo que me hace tan feliz. Llenas todos esos vacíos que siempre tuve, hasta los vacíos de tiempo que meses atrás llenaba de lágrimas mientras te echaba de menos.
Ya no me das tiempo ni a escribir, porque ¿sabes? siempre que escribía era porque te necesitaba y no te tenía y, ahora, ya te tengo. 
Ahora sí, esto es el AMOR.
Gracias. 


lunes, 28 de enero de 2013

Llega tarde el 28

Supongo que ya no escribo porque ya no tengo nada que decir. O tal vez puede, que ya esté todo dicho...

Otra vez es 28 y, aunque lo estoy haciendo, no debería escribir sobre ti. Ya he perdido la cuenta de cuantos años hace de aquello, pero soy incapaz de olvidar.

Otra vez es lunes.

''Pensé que podría olvidarte...'' Tranquilo, ya lo has conseguido, sólo hacía falta ponerle un poco de ganas y darle tiempo al tiempo, al final no era tan imposible como pensabas.
Yo a mi pesar no te he olvidado y a estas alturas reconozco que nunca seré capaz de hacerlo. Tú seguirás por tu camino y yo, obviamente por el mío, dos caminos muy bien diferenciados que un día se cruzaron y por unos meses, incluso años, caminaron juntos. 
Menos mal que el tiempo y sobre todo los años ayudan a ver la vida con perspectiva y ahora, visto todo desde este tiempo puedo comprender lo que entonces nunca comprendí. Siempre pensé que moriría si algún día le perdía o me olvidaba, que no sería capaz de querer a nadie más, que no sabría vivir sin él. Hoy sé que, estaba confundida.

Otro 28 que llega tarde, como tú llegaste aquel 28 de enero, cuando me dijiste que me querías para siempre en tu vida y que, pensabas que iba a ser fácil olvidarme, pero viste que era imposible...


No sabía del desierto

No sabía que también había desiertos que desembocaban en el mar. Recuerdo cómo durante aquellos primeros meses del año, un sentimiento devas...