jueves, 24 de noviembre de 2011

Una semana, una eterna semana

Tú estarás por ahí, regalando sonrisas, bañado en alcohol, donde hace una semana todo giraba en torno a nosotros. 

Creo que me duele el alma, si es que lo tengo. Te echo de menos con una facilidad que da hasta miedo.
Esta noche se me va a hacer más complicado de lo normal dormir, no podré evitar recordar esa habitación, esas sábanas, ese edredón, la vela, tus manos.

¿Quién me despertará en mitad de la noche llenándome de besos, sacándome de quicio? ¿Quién?
¿Quién será el responsable de todas mis sonrisas, de todas mis miradas, de todas y cada una de mis palabras? ¿Serás tú?

Supongo que tendré que acostumbrarme a beberte a sorbos de vez en cuando, sólo muy de vez en cuando. Y mientras tanto, nos extrañaremos el uno al otro, posiblemente uno más que el otro. Pero me conformaré con este poco, que para mí es mucho, que me llena por completo aunque en la distancia me sienta vacía.

Soñaré contigo si así sacio mis ganas de verte, nos llamaremos borrachos y hablaremos cosas que ninguno de los dos recordará al día siguiente, nos escribiremos canciones, poesías, cuentos y fábulas. Cuidaré de Boxer.

Seguiré impregnándome de ti, día a día, mes a mes. No pensaré en el futuro, porque estamos hechos de presente y eso es lo que te prometo, mucho presente. No pensaré en el final ni en el odio, porque aunque tengan que llegar, me negaré a aceptarlo.
Siempre serás esa piedra del camino que, en vez de tropezar con ella y pasar, me guardé en el bolsillo. Ahora te llevo conmigo, aunque para ello tenga que imaginarlo, pero estás a cada paso que doy. Ni te imaginas la de lágrimas que han llevado tu nombre y las que, por suerte o por desgracia, lo seguirán llevando.

Soy tu lechuza, sólo tuya. Y tú, si quieres, serás sólo mi alacrán.

A una semana luz de haber estado caminando por un sueño.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Tú también eres el culpable de que estos días hayan sido así

''¡Cómo te retumba el pecho! -Tranqui, sólo es mi maltrecho corazón que se encabrita cuando oye tu voz el muy cabrón...''


Supongo que se trata de lo más inmutable de la faz de la tierra, el tiempo. Sin embargo, hay algo en lo que la gente no suele reparar normalmente y que es más inmutable si cabe, la distancia.
Yo no sé si duele más el no poder parar un reloj a tiempo o si, en cambio, es peor estar lejos de dónde realmente quisieras estar.
Yo tengo un cúmulo de situaciones. Aceleraría el tiempo para pararlo justo en el momento en que le tuviera a él de frente, porque eso significaría que la distancia también habría sido reducida a su máxima expresión, unos centímetros.

Pienso que él es lo más parecido a lo que siempre he querido tener en mi vida, podría incluso asegurar que es él. Nunca me había parado a buscar, porque tal vez nunca me interesó encontrar, pero fue cuando más me dije a mí misma que necesitaba estar sola cuando apreció, y me rompió los esquemas.
Con él la distancia sólo es anecdótica y hacemos que 500 kilómetros se hagan nada cada vez que hablamos.
Puede que sea porque todo nació de la casualidad, nada estuvo premeditado y nos arañamos el corazón el uno al otro. Agosto fue la novedad, los dos grandes desconocidos que se encontraron en el medio del camino y crearon un camino juntos. Septiembre fue la recogida de los frutos de las semillas que estuvimos plantando durante un mes, el miedo nos reinaba, pero fuimos más fuertes. Octubre reforzó lo que ya era fuerte desde el primer día. Y Noviembre, que aun ni ha terminado, se ha encargado de demostrarnos que merece la pena seguir andando por este camino.

Nuestro último encuentro ha estado bañado de besos, de risas y de sonrisas, de noches eternas, de mañanas sin luz, de una vela con olor a vainilla, de una habitación llena de ropa por los suelos y sábanas arrugadas. Han sido días de miradas profundas, de demasiado sentimiento mutuo, de mucho, mucho, mucho miedo en común, de cobardía...
Pero me quedo con que, aunque no en el momento en que me hubiera gustado, me has dicho que la distancia sólo es una prueba que nos ha puesto el destino y que, a ti, no te supone mucha dificultad seguir hacia adelante.

Y sí, siempre que lo compruebas el corazón me late demasiado rápido, pero no, no es nada raro, es porque te tengo a lado.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mi alacrán

Ya es Noviembre, ya no hay amores de verano. Mariposas en la espalda y en la piel...

No cambies nunca, quédate así, en esa edad tan imprecisa como la del Principito, esa edad que aun te permite soñar e imaginar como tú lo haces. No crezcas nunca. Sigue siempre así.
Hace tres meses de aquella ingeniosa conspiración del universo que nos reunió en un punto cualquiera del mapa. Hace tres meses de aquella noche en la playa, de nosotros hablando incansables como si se tratase del último día... y sólo era el primero. Fue la tormenta perfecta.

Cuando el mundo empezó a girar en torno a nosotros ya fue imposible pararlo, el tiempo se nos colgó de la espalda y empezamos este camino, que no parece fácil, pero que hacemos sencillo.
Es una sensación extraña, como cuando te falta algo y lo encuentras, que te sientes por fin aliviado. Algo así sentí yo, puede que él fuera esa parte de mí que me faltaba, la otra mitad perfecta, quien me complementa.
Quiero pensar que él sintió algo parecido y por eso me abrazó, el primer beso vino poco después y entonces, dejamos de controlar la situación para siempre. Cada palabra, cada paso andado, cada gesto y cada mirada cobraron un sentido que hasta entonces, no tenían. Sobre todo cada palabra fue clave para ir cultivando un sentimiento que, a día de hoy, soy incapaz de describir.

Pensé que con el tiempo explicarlo sería más fácil, pero conforme pasan los días se me complica un poco más. Lo raro es que aun no me haya cansado, que cada día me sorprenda un poco más, que siempre me haga sonreír. Me muero de celos, celos de nada y celos de todo, celos de quien te tiene cerca, de todos esos que tienen ese privilegio.
No sabes cómo me siento cada vez que hablamos de nuevo, para mí cada día es como el primero, me sudan las manos y el corazón se me quiere salir por la boca. No me permitiría perderte por nada del mundo.

Que sólo son tres meses, pero también son ya tres meses. Que no te cambio por nada. Que voy a seguir comiéndome la distancia a bocaos sólo para poder pasar, aunque sean, unas horas contigo.

jueves, 27 de octubre de 2011

Tu eres un ángel, yo soy de piedra y cuando te miro, me vuelvo arena...'


Gracias por volver aunque haga frío aquí a mi lado.
Gracias por venir al país de esto nunca va a pasar.


Él siempre me da una de cal y una de arena. Se inventa historias perfectas con nosotros de protagonistas que luego, borra de golpe. Él es despistado, siempre parece cansado, pero nunca se pierde ni un detalle.
Se cansa fácilmente de las personas que no son capaces de transmitirle nada y tiene un encanto innato que  creo que hasta él desconoce. A veces me enfada porque me conoce demasiado y pienso que, a veces se enfada él conmigo, pero lo sabe disimular. Es un soñador y un trotamundos. Se dedica a vivir, que es lo que mejor se le da. No lo sabe, pero es detallista en exceso, y aun así no se cansa de reiterar lo mucho que odia hacer y que le hagan regalos. Siempre dice que no es bueno crearse expectativas, pero es experto en crearselas a los demás. Nunca promete regalarte la luna, pero te lleva de paseo por ella sin que se lo pidas. Él es diferente, nunca me cansaré de decirlo. Siempre sabe como sorprenderme, siempre sabe sacarme una sonrisa.
Supongo que podría seguir rellenando hojas y hojas con todas sus virtudes y me sobrarían otras tantas por ser incapaz de verle los defectos. Pero al final sólo me quedaría decir que es ÉL y eso lo resumiría todo.

¿Dónde estuviste todo este tiempo? Y, ¿cómo fui capaz de sobrevivir sin saber de tu existencia?

Creo que nos antepondremos al horóscopo maya y por primera vez una lechuza podrá estar con un alacrán.

martes, 25 de octubre de 2011

Pues nada chica, lo dicho

No es que quiera dedicarme unas palabras a mí misma, de hecho ni lo he pensado, pero ¡qué coño! ¡es mí día!
Aun así no lo voy a hacer, de hecho, miedo tengo de que hoy (mi día) mis palabras vayan dedicadas a él.
Tal vez podía esperar algo así de cualquiera, de cualquier hipócrita, de esos ciber amigos de las redes sociales, no de él. Sin embargo, al pensar en hoy, inexplicablemente pensé en la remota posibilidad de que se acordase de mí y más aun, que me lo hiciera saber.
Sólo han bastado unas frases de la canción '20 de abril' de Celtas Cortos para demostrarme que, un año después, todo sigue a flor de piel. Yo he querido negarme durante más de 12 meses a que existiera un infinitesimal residuo de sentimiento hacia él dentro de mí, hoy me reitero una vez más. Aun así, mis ojos vidriosos han querido confundirme al leer sus palabras.
Un 'que te vaya bonito' lleno de rencores y odios, ha dado paso a una hipotética posibilidad de reconciliación en el ámbito de la amistad. Está claro que nos veremos, como de costumbre, bañados de calimocho. Nos miraremos con ese odio que tanto nos profesamos. Me sacarás de quicio una vez más. Pero algo habrá cambiado, aunque tú creas que no, aunque todo siga igual para siempre, porque unas palabras tuyas era lo que llevo demandando mucho tiempo. Ahora que las tengo, frías, irónicas, y hasta crueles, prepárate para la revancha.
Maldito Fredy, cuándo dejarás de ser esa maldita espinita, ¿cuándo?

domingo, 16 de octubre de 2011

Y me siento mejor si sé que tengo una estrellita, pequeñita, pero firme

Ahora que, por lo que sea, puedo pensar con más claridad, no dejo de echarte de menos. 
Inundaste mi ciudad de recuerdos, ahora cada viaje en autobús se me complica un poco más. Todos los rincones llevan tu nombre. Un tucán que a nadie le dice nada, pero que a mí me mira de reojo sin parar, un colegio que a ti te parecía una granja, pasar por debajo de ese andamio dónde le sacaste el zapato sin querer a un señor. Ese cruce dónde nos dimos el beso más torpe que nunca nos habíamos dado, el bus línea 38 que era el único que recordabas.
Toda la ciudad repleta de carteles del circo y una promesa no cumplida.
Ahora tengo una chaqueta negra con la forma de tu cuerpo y un palestino lleno de tu olor. 
Pero lo más importante de todo es que tengo el cuerpo lleno de tus caricias, los labios llenos de heridas de esos dientes tuyos, y mis manos repletas de todo lo que dibujabas con tus dedos. Se me olvidó llorar al llegar a mi casa cuando te fuiste, porque nuestro próximo reencuentro no vuelve a quedar tan lejos.
Hemos hecho lo que tan difícil parecía, convertir la distancia en relativa.

No recuerdo ni dónde ni cuándo leí que un amor de verano deja de serlo si lo consigues mantener más allá de octubre y yo, me lo tomé como un reto. En ocho días, empieza noviembre.

Dame tres semanas, un poco más o un poco menos. Seguiremos llenando de nosotros muchos más rincones, sólo será la cuarta ciudad, de una larga lista, que nos vea estar juntos otra vez.
No me cansaré de dar infinitas gracias al destino por aquel momento en que nos miramos por primera vez y, empezó todo.

Y me siento mejor si sé que tengo una estrellita, pequeñita, pero firme.

domingo, 2 de octubre de 2011

Domingo por la tarde

Odio los domingos. Odio las tardes de domingo. No soporto la sensación de la resaca taladrándome la cabeza.

Que los domingos por la tarde son más tristes...

Tampoco puedo escuchar música, ni leer. Las noches de sábado hacen que me despierte y se me ablande el corazón, a veces tanto que hasta se me deshace. Y siempre, siempre, siempre que es domingo, siento ganas de llorar.

Hoy es domingo. Tal vez sea que cargo un gran peso sobre los hombros, cargo de conciencia, algo de culpabilidad. Peco de ser bastante tonta.
Los círculos viciosos basados en espirales de autodestrucción son mi especialidad de los domingos. Hoy, no va a ser menos. El nudo en el estómago ha vuelto a aparecer y no puedo evitar pensar en él.
Él. Esa perfecta combinación de locura y cordura, tan lleno de vida. Esa sonrisa perfecta, esas manos. Él y sus pantalones de chándal, la lámpara de lava y el cielo estrellado de su habitación. 
A dos meses luz de aquella mañana, de aquella tarde en la playa, de aquella noche... y con un terrible dolor de corazón y de cabeza porque, no paran de pelearse.

Odio los domingos y esta extraña sensación de soledad.

No sabía del desierto

No sabía que también había desiertos que desembocaban en el mar. Recuerdo cómo durante aquellos primeros meses del año, un sentimiento devas...