lunes, 14 de junio de 2010

Y se paró a pensar y le dieron mil días

Dos años y once meses. Alrededor de mil sesenta y cinco días. Tres inviernos, tres primaveras, tres otoños, casi tres veranos.
Guissona, Garray, Barcelona y Zaragoza.
Más de trescientos kilómetros.
Decenas de llamadas y otros tantos mensajes.
Sobres de azúcar, paquetes de chicles, tarjetas de visita, bolígrafo rojo, prefijo 93, billetes de autobús, mapa del metro, folletos de información, la torre de Colón, el Maremagnum, el Tibidabo, un banco de piedra junto al río Tera, el frío en verano, tu camiseta gris, el redbull, los gatos, un charco en los pasajes del metro, caminata por el Parc Güell, ver Barcelona en moto, comer en un mejicano, las llamadas nocturnas, una noche en la Barceloneta, aguantar las lágrimas en cada despedida, tus manos, un céntimo, la casualidad, los romanos, la distancia y sobre todo, la ilusión.
Y un largo etcétera de recuerdos enredados, de palabras y de besos, de miradas y esos abrazos.
Un trocito más de tí, de mí, de estos casi casi casi tres años.

lunes, 7 de junio de 2010

Vas abriendome nuevas heridas

...en el mismo sitio donde otra herida nunca cerró.


Me he condenado yo misma a esta eterna espera plagada de recuerdos. Yo misma he decidido quererte por encima del tiempo y la distancia. Me he comprometido, en secreto, a esperarte sólo a tí.
He decidido no pensar, o tal vez pensar demasiado. He sentido que prescindir de respirar era posible siempre y cuando mi corazón siguiera en funcionamiento, gracias a ese sentimiento.
He tratado de explicartelo mil y un veces (en mi imaginación) y sólo un cuarto de esas veces me comprendiste de verdad.
Y hoy, aunque tu recuerda me siga quemando y llore a mares en mis sueños, te sigo esperando. Espero ese nuevo reencuentro que bañarás de momentos inolvidables y que acompañarás con interminables besos, abrazos y miradas.

Para arañarme otro poco el corazón...

jueves, 3 de junio de 2010

Inevitable

Y si me acuerdo de ti es por que el frío
me aconseja que lo haga...


Es inevitable relacionar este calor veraniego-primaveral contigo. Es inevitable.
Tan inevitable como recordarte a cada segundo. Inevitable, como que pase el tiempo.
Sin embargo, también es inevitable abandonarnos durante un año entero y no hablarnos. Forzoso, inapelable, ineludible, inexcusable, necesario y obligatorio que yo mientras tanto, te eche de menos.
Pero pasan esos seis o siete meses de tregua y un día suena el teléfono, otra vez tú y tu voz, y nos ponemos tontos, y hacemos mil y un planes, y ponemos fecha en el calendario otra vez.
Inevitablemente yo recreo situaciones que se puedan dar, conversaciones que tendré, y me juro y perjuro una y otra vez que, seriamente, te plantearé el tema de ''nosotros''.
Llega la fecha del calendario y yo, tras una semana en ayunas debido a mi ataque de nervios, me plantó allí, tan cerca de tí. Te miro, hablamos, reimos, y todo es como si nunca hubiera pasado nada porque esperas a que (como en veces anteriores) se vaya el sol para besarme. Y ya está todo hecho, porque yo me voy de allí una vez más con tus besos, tus palabras, tus miradas y mi cobardía a otra parte. Porque una vez más no soy/fui/seré capaz de decirte nada de nada. Porque aguantaría otros tres años más así, sólo por retrasar el momento en que definitivamente me digas que lo nuestro es imposible. Una vez más, maldita distancia.
Inevitable, como muchas otras cosas, es quererte sin querer. Inevitable, como se ve, que de nuevo sueñe con volverte a ver.

jueves, 20 de mayo de 2010

22

Hoy es un día gris, de esos que el sol brilla con toda su fuerza y entrecerrar los ojos al salir a la calle se convierte en una necesidad.
Es un día de esos en los que te levantas con mal pie sin saber porqué, o sí lo sabes, porque las razones brotan por los poros de tu piel.
Hoy es jueves.
Hoy y durante los tres últimos años se ha repetido la historia. Cada año a caballo con los acontecimientos pasados.
Sólo ha sido hoy, este último año, cuando más me ha costado hacerlo. Porque ya no hay ni una luz de esperanza, ya no nos veremos en unos días, ya no hace falta ser amable. Y yo, haciendo alarde de lo mismo que en años anteriores, te he hecho saber que realmente eres importante para mí. Porque mi memoria sólo guarda esas fechas que son verdaderamente relevantes para mí y hoy, era un día de esos.

Me encanta que un día como hoy, te excuses de todos tus nulos actos de los últimos 7 meses. Me encanta que hoy, sea un poco más feliz gracias a tí.

Porque hoy, eres tú el protagonista de mi calendario: ¡FELICIDADES! (a mi barcelonés preferido.)

viernes, 14 de mayo de 2010

Odiando un viernes

Que ha vivído en un silbido, orgullosa de haber sido una yegua sin freno desgastada de andar por el suelo...

Odio ese incómodo silencio. Odio que me mires así. Odio que me hagas llorar.
Por algo yo no salía los viernes.
Lo que más odio es que seas así, que yo sea así, que no podamos estar juntos, pero tampoco separados. Y que, te falta paciencia.
Odio esa extraña fuerza que me empuja hacia tí.
Y tu me odias. Odias mi miedo al compromiso y ese miedo a sentirme maniatada, odio que me corten las alas.
Mientras tanto pasan los meses y en este juego, nadie sabe quien va a ganar, pero diré que poco a poco estás aprendiendo a jugar mejor.
Y, aunque tú no lo veas con muy buenos ojos, estoy orgullosa de haber sido una yegua sin freno desgastada de andar por el suelo...

martes, 4 de mayo de 2010

Ciertas cosas en la vida no se hicieron para mí

Hay dos días en la vida para los que no nací, dos momentos en la vida que no existen para mí. El primero de esos días fue cuando te conocí.... El segundo de esos días fue justo el que te perdí.


Sufro de fuerte dependencia de tí. Arrastro esta enfermedad desde hace tres años y conforme pasa el tiempo se hace más complicada. La distancia no es buena terapia.
Al final he optado por el camino fácil: esperar, o más bien esperar-te.
Rememorando esos días en que erámos novedad el uno para el otro, siento melancolía. Eramos dos desconocidos que con interminables conversaciones telfónicas llegaron a ser dos... dos. Llegamos a ser dos y eso es lo más importante, sentíamos esa terrible necesidad el uno del otro. Ansiábamos nuestro primer reencuentro que se convirtió en el primero de una larga lista, y que ninguno olvidaría. Sólo un mes después de conocernos.

Un poquito de valor nos faltó a ambos, aunque a mi favor tenía esa falta de madurez. Y dejamos pasar los meses y con ellos, los años. Y seguimos viendonos en contadas ocasiones en muchos y diversos lugares. Y tú seguiste haciendo crecer mis expectativas, mis ilusiones y a la vez borrándolas de golpe. No nos entendimos lo suficiente o tal vez, nos entendimos demasiado. Te quise. Dijiste que me querías. Te lo dije yo a tí.
Y el tiempo siguió pasando, como lo sigue haciendo en estos momentos. Yo aquí, dedicandote mis pensamientos y tú a saber dónde y pensando en quién.
Aun así, la dependencia que mis sentimientos tienen de tí es severa. Aunque pasen los años, aunque no me hables, aunque no quieras saber de mí, aunque ya me hayas olvidado. Yo sigo aquí, por tí.

sábado, 1 de mayo de 2010

Esperando la galerna

Has hecho que esta semana sólo sepa odiarme y arrepentirme. Me has odiado tú mismo.
Ya habías puesto como fecha esta tarde para tu particular Apocalipsis. Has sido cobarde y todo se te ha vuelto como si fuera el génesis de tu propia vida.
No me has mirado a los ojos.
Y has convertido un viernes por la tarde en la madrugada de un domingo, nuestros sábados, porque me he ido con un exagerado olor a tí.

Saco en claro que estoy más confusa, si cabe.

No sabía del desierto

No sabía que también había desiertos que desembocaban en el mar. Recuerdo cómo durante aquellos primeros meses del año, un sentimiento devas...